MIÉRCOLES 16 – DIC.

TRILOGÍA DEL SIDA
Dir. Rosa Von Praunheim

cine - charla

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19 hs. ON LINE VER

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Silencio = muerte (Schweigen = Tod)

En la segunda parte de la trilogía la declaración del gobernador de Texas resume el sexismo fascistoide de Estados Unidos: “Si quieres detener el sida”, dice el político, que no sabía que estaba al aire, “entonces dispara a los gays”. Al igual que Positivo, Silencio = Muerte recoge una multitud de retratos cortos que impresionan por su radicalidad y apertura. Esta vez, sin embargo, son principalmente los actores de la escena artística neoyorquina los que se expresan libremente gracias a la cuidadosa pero a la vez exigente técnica de entrevista de Rosa von Praunheim.

20 hs. ON LINE VER

CHARLA

Entrevista a ROSA VON PRAUNHEIM 

por Astrid Riehn

21 hs. ON LINE VER

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Positivo (Positiv)

Desde el aliento de un grupo íntimo de autoayuda hasta la movilización política del grupo militante de lucha contra el sida Act-UP, todos los enfermos denuncian con mucho coraje las tácticas restrictivas e ignorantes del Estado y la ciudad de Nueva York, que, bajo la égida de Ronald Reagan y el alcalde de Nueva York Ed Koch, tan sólo proporcionaron 25.000 dólares para una campaña informativa, la publicidad de preservativos y la asistencia médica y social en los primeros años de transmisión del sida.

22.30 hs. ON LINE VER

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Fuego bajo el culo (Feuer unterm Arsch)

La tercera película Fuego bajo el culo está dedicada a los homosexuales alemanes, que visiblemente no están cautivados por el sexo seguro. En Berlín, la capital gay de Alemania, Von Praunheim encuentra un ambiente festivo durante su investigación. “No hay nadie a quien le guste el sexo seguro”, dicen algunos y apelan simultáneamente a actuar con sensatez. “También hay que tener la libertad de coger hasta la muerte”, es la respuesta extrema de los chicos, que no quieren ver su identidad gay, cuidadosamente adquirida, reducida por medio de restricciones voluntarias a una identidad que se asocie al sida. En Alemania Von Praunheim también ha localizado a personas políticamente activas, pero observa que -al igual que la maldición de Casandra- se los identifica con la incómoda verdad y en consecuencia se los evade.
Es imposible pensar en el cine del director alemán Rosa von Praunheim (Riga, 1942) al margen de su activismo político. Sus películas fueron y son herramientas de cambio. La obra de Rosa (quien adoptó ese nombre por el triángulo rosa que debían llevar las personas homosexuales en los campos de concentración nazis, y el apellido por el barrio de Fráncfort en el que se crio) abarca más de 50 años, y es inmensa: más de un centenar de cortos y largometrajes, tanto documentales como de ficción, obras de teatro, libros de poesía y dibujos.

Su película No es perverso ser homosexual, perverso es el contexto, estrenada con gran escándalo en la televisión germana a principios de los ‘70, fue una pieza clave en la construcción de la identidad del colectivo LGBT+ en Alemania. Desde entonces, se abocó con libertad y valentía a crear un corpus de imágenes audiovisuales que no fueran heteronormativas, así como a abordar en su trabajo los temas que consideraba urgentes o poco visitados, como el de las víctimas homosexuales del nazismo. En 1991 generó un escándalo en la televisión nacional cuando reveló sin su consentimiento que dos grandes figuras de la TV, Hape Kerkeling y Alfred Biolek, eran gays. Acción que defiende hasta el día de hoy como “un grito desesperado en el punto máximo de la epidemia de sida”.

Su Trilogía Sobre el Sida, rodada entre 1989 y 1990 en Nueva York y Berlín, cuando la pandemia hacía estragos en la comunidad LGBT+, es un testimonio de ese compromiso de décadas. En estos tres documentales, Rosa no sólo denunció el abandono sufrido por los enfermos por parte del Gobierno de Ronald Reagan, sino también los ataques que soportaron los primeros activistas en alzar sus voces, así como la tensión entre prevención y libertad. Aspectos cuyo eco resuena con enorme fuerza en momentos en que el mundo enfrenta una nueva pandemia.

En su trilogía también hay espacio para los artistas, desde Allen Ginsberg hasta el también poeta, fotógrafo y pintor estadounidense David Wojnarowicz o el cabaretista alemán Günter Thews, quienes tratan de expresar a través del arte la ira y perplejidad que les provocaba el sinsentido de una enfermedad que, en ese entonces, equivalía a una condena a muerte. Pero a no confundirse: que Rosa haya abordado temas serios en muchas de sus películas no significa que estas sean solemnes. El espíritu lúdico, e incluso el humor, afloran en su cine una y otra vez como una soga a la que aferrarse en medio de la tormenta. Porque para este activista y polemizador nato, su sexualidad siempre significó una oportunidad para vivir una vida más libre, al margen de las convenciones burguesas. Y los cuerpos deseantes y deseados, una fiesta.

Astrid Riehn